La Siembra del Futuro
En un momento de gran inestabilidad en Centroamérica, es fundamental que nuestro trabajo se centre en el bienestar de las comunidades que cuidan las tierras que buscamos proteger.
Como lo hemos aprendido una y otra vez, no se puede cuidar la tierra sin cuidar a las personas, y no se puede cuidar a las personas sin cuidar la tierra.
Nuestro programa de promotores agroecológicos, en colaboración con nuestro socio local Fundebase, opera bajo este principio en algunas de las zonas más vulnerables de Guatemala. Durante el último año, el programa ha capacitado y equipado a 40 miembros de la comunidad de la región de Quiché —entre ellos, 30 mujeres— para que actúen como líderes que aprenden, apoyan y promueven prácticas agroecológicas en sus comunidades de origen. Estos líderes participan en capacitaciones participativas sobre el manejo y restauración del suelo, diversificación de cultivos y cultivos intercalados, conservación de semillas nativas y el uso de fertilizantes naturales, entre otras prácticas.
El programa los apoya para que brinden asistencia a sus comunidades mediante un enfoque de “campesino a campesino” que se centra en los conocimientos ancestrales y locales, y fortalece la capacidad de la comunidad para organizarse en torno a desafíos comunes. Gracias a este enfoque, más del 90 % de las familias participantes han adoptado prácticas agroecológicas en sus fincas.
A largo plazo, estas prácticas ayudan a las familias a fortalecer la seguridad alimentaria y la resiliencia, a reducir los gastos del hogar y a proteger sus ecosistemas locales. La técnica ancestral de la milpa constituye la base de los sistemas agroecológicos del programa, que integra una amplia variedad de plantas alimenticias y medicinales. En un contexto tan vulnerable, esta diversidad ha mejorado significativamente la seguridad alimentaria de las familias y su acceso a los alimentos, al tiempo que ha reducido los gastos. La preparación y aplicación de bioinsumos —o fertilizantes de fabricación natural— también han reducido la dependencia de los productos químicos.
Si bien estos beneficios son cruciales, no son las únicas razones por las que las familias deciden participar: estas comunidades han estado trabajando para proteger sus tierras y bosques durante generaciones, y su compromiso continuo con los métodos agroecológicos indígenas es una de las muchas formas en que lo ponen en práctica.
Una de las ideas más importantes que están recuperando es el reconocimiento de que las personas y la tierra no tienen que estar en conflicto. De hecho, si queremos construir el futuro que esperamos, no pueden estarlo.
El nivel de compromiso con el que las comunidades con las que trabajamos marchan hacia ese futuro, a pesar de los desafíos que enfrentan, nunca deja de inspirarnos.

