Un Compromiso Mucho Más Amplio que Nosotros
Nuestras comunidades colaboradoras se enfrentan a desafíos y, por eso, crean soluciones que son mucho más complejas que unas métricas anuales sencillas.
Pero sabemos que nadie está más comprometido con esas soluciones que ellos mismos.
Una de esas comunidades es El Asintal, una comunidad indígena de 110 familias que regresaron a su tierra con muy pocos recursos tras la guerra civil guatemalteca.
Desde entonces, han trabajado de forma constante para construir medios de vida, al tiempo que protegen los frágiles bosques que manejan.
Desde negociar su deuda agraria hasta mapear y asegurar los límites de su territorio, han pasado por muchos procesos largos necesarios para garantizar sus derechos sobre la tierra y sus medios de vida. Todos estos procesos han requerido un acompañamiento a largo plazo y donantes que empoderen a las comunidades para que lideren según sus propias prioridades.
Recientemente, con el apoyo de nuestro socio local, Utz Che’, la comunidad de El Asintal ha puesto en marcha un programa de monitoreo biológico en su bosque comunal. El programa utiliza nueve cámaras trampa, repartidas por todo el bosque, para monitorizar la presencia de una gran variedad de mamíferos, aves y otras especies. Aunque Utz Che’ proporcionó la formación inicial sobre el uso de las cámaras trampa y los dispositivos GPS, son doce miembros de la comunidad, sobre todo jóvenes, los que lideran el programa.
Al supervisar la biodiversidad local, estos jóvenes no solo están desempeñando un papel activo en la gestión de su bosque ancestral, sino que también están construyendo un caso sólido a favor de que la comunidad conserve sus derechos de manejo forestal.
El año pasado tuvimos el privilegio de visitar El Asintal y ver de primera mano sus cámaras trampa; hay un pequeño detalle de esa visita que nunca olvidaré. Aunque las cámaras trampa venían inicialmente con baterías desechables, la comunidad decidió sustituirlas por recargables. Hacerlo les obligaba a visitar los lugares donde están colocadas las cámaras, lo que a menudo supone una caminata agotadora por el bosque, más del doble de veces de lo que tendrían que hacerlo con baterías desechables.
Cuando les preguntamos por qué, simplemente dijeron que no querían dañar el medio ambiente.
Puede que parezca una decisión insignificante, pero refleja el profundo compromiso que esta comunidad tiene con la tierra, incluso en los pequeños detalles, incluso mucho más allá de sus propios territorios.
Y este compromiso es una de las muchas razones por las que no necesitamos que nos justifiquen su trabajo año tras año, cifra tras cifra.
Ya han invertido más de lo que nosotros jamás podríamos en los resultados por los que todos trabajamos.

